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Vida de funcionario

Este post forma parte de la serie que nos va a llevar a conocer toda la historia de Nautal, desde su creación a su venta y más allá. Si queréis ver los capítulos que nos van a conducir en este camino, mira el índice la de historia de Nautal.

Liderando el equipo de auditoría de una entidad financiera muy relevante, el responsable de Auditoría Interna de servicios centrales me hizo una oferta que no podía rechazar… más sueldo, trabajar de 8 a 3 y estabilidad laboral.

Por aquél entonces me conocía aún muy poco y pensé que era el trabajo ideal, me veía poco ambicioso, no deseaba ser rico ni me llamaba especialmente la vida que veía en algunos socios de la firma, así que acepté.

El choque cultural fue brutal, la gente llegaba a las 8-8:05, a las 8:20 se iban a hacer un café por 20-30 minutos; a las 10:30 se iban a desayunar por unos 30-45 minutos y a las 3 en punto no era que se les cayera el boli… ¡es que la puerta ya se estaba cerrando por fuera! Había hasta un dicho: A las 3 en la calle estés, ¡y mejor antes que después!

Si fuera eso, estaría bien, ¿no?, pero es que había una presión entre compañeros para no brillar, si te querías quedar una tarde para entregar algo a lo que te habías comprometido, te venían algunos compañeros diciendo que eso no era necesario, que ya harías la entrega más tarde… Debo decir que el responsable de auditoría interna de servicios centrales quería dinamizar su parcela y que también había otros empleados muy profesionales y con ganas de hacer que las cosas avanzaran y profesionalizar la entidad.

En general, el trabajo me parecía poco motivante, sentía que no aprendía ni evolucionaba lo suficiente. Supongo que cada uno tiene su trabajo ideal; si es demasiado fácil te aburres y si es demasiado difícil se te descontrola y te estresa, pero para cada persona (y para cada momento de la vida) hay un trabajo que es lo suficientemente difícil como para que suponga crecer, pero no tanto como para que se vea imposible. Este estadio se podría denominar un Reto.

El último proyecto que abordé fue el que me quemó finalmente… recuerdo estando auditando el departamento de tesorería (departamento que hace las compras y ventas de productos financieros en los mercados) cuando detectamos que había un descuadre entre lo que ese departamento pensaba que tenía de riesgo divisa y lo que el balance de la entidad financiera decía. Esto puede parecer una chorrada, pero básicamente significaba que la entidad financiera no sabía si estaba expuesta a fluctuaciones de las divisas o no, por lo que podía tener pérdidas importantes en cualquier momento. Un directivo no quería que hiciéramos este proyecto porque ya se había intentado anteriormente y se había fracasado en varias ocasiones. Gracias al apoyo del responsable de auditoría de servicios centrales pudimos hacer el proyecto, el cual fue un verdadero reto. Finalmente conseguimos cuadrar la posición y pasamos de comité en comité y por varios departamentos recibiendo palmaditas en la espalda, pero la conclusión del proyecto era que realmente había un riesgo divisa no cubierto y debían comprarse muchos millones de USD para cubrirla. Nadie se atrevió a tomar la decisión y eso fue lo que terminó de quemarme. La decisión estaba tomada, me iba. (Estaba escribiendo estas líneas y me ha salido así, pero esta es la típica trampa inconsciente de la que debéis protegeros, estimados lectores, el escritor siempre tiene una cierta tendencia a enaltecerse para cubrir su ego).

La realidad es que no fue algo tan claro y sencillo, tuve una fase de depresión debida a la falta de ritmo y aprendizaje… aprendí que tal vez yo no era ambicioso a nivel económico o de poder, pero que sí era muy ambicioso a nivel de crecimiento personal y de conocimientos … y además, ¡me gustaba tener un ámbito de responsabilidad y tener capacidad de decisión sobre el mismo!

Adicionalmente, comenzó la crisis financiera sub-prime y yo tenía algunas dudas de la solvencia de la entidad financiera, así que fue una mezcla de factores los que me llevaron a tomar esa decisión. Prometo a partir de ahora intentar ser más sincero conmigo mismo y con vosotros.

Es curioso, pero en esta entidad financiera, donde la gente nunca era despedida a no ser que se les pillara robando, vi mucho más miedo a perder el puesto de trabajo (o incluso a ser enviados a oficinas) que en Deloitte, donde cada año o subías de categoría o te echaban y acababan despidiendo o saliendo un 20% de la plantilla cada año. Hay una frase muy cursi que siempre me ha hecho reflexionar sobre esto “el pájaro no se siente seguro porque confía en que la rama no se rompa, sino porque confía en la fuerza de sus alas”.

De la misma forma, creo que el confiar en la estabilidad de una empresa ya es cosa del pasado, y lo que debemos buscar es desarrollarnos, para confiar en nuestras capacidades.

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